Eurovision, song contest?

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Echo de menos Eurovisión, ese festival de la canción que se emitió en las televisiones públicas europeas desde mediados de los 50 hasta finales de los 90 del siglo XX. Desde que era pequeña, ver en la pantalla del televisor este logotipo azul (sí, yo ya nací en la era de la televisión en color) mientras sonaba con pompa el Te Deum de Charpentier prometía grandes emociones. Si era el primero de año, anunciaba el concierto de valses más famoso del mundo que servía de aperitivo de la comida familiar con que celebrábamos el año nuevo; si era a finales de mayo, un concurso donde competían diferentes cantantes de toda Europa.

Veíamos artistas consagrados, jóvenes promesas de la canción y música en directo en una época en que toda aparición musical en televisión se hacía en playback. Eran actuaciones elegantes, divertidas o llenas de sentimiento, pero en todas predominaba la canción. Los cantantes defendían su canción con su voz, sin necesidad de artificios, y solía ganar el mejor. El aplauso y el honor de la victoria eran premio suficiente. No hacían falta sorprendentes cambios de vestuario en el escenario, bailarines semidesnudos retozando por el suelo ni fuegos artificiales. Era el Festival de la Canción, no el festival de circo, de danza ni la Nit del Foc de las Fallas de Valencia.

Ahora hay un sucedáneo que usa el mismo nombre de este antiguo concurso, pero que no es ni la sombra de su antecesor. Un impostor. Ya no se toca música en directo —de hecho no está permitido— y se ha convertido en un circo mediático donde impera el exhibicionismo y la puesta en escena en detrimento de lo más importante: la música. Donde los votos ya no los emite un jurado experto en el tema, sino una jauría de telespectadores ávidos de espectáculo y sin criterio que pueden emitir cuantos votos quieran con tal de que se llenen las arcas y los bolsillos.

Hubo una excepción el año pasado que nos coló Portugal con Salvador Sobral, que vino aquí a hablar de su libro, y que repitió este año en una actuación absolutamente maravillosa junto a Caetano Veloso —se me erizó la piel de la emoción con ese meu bem, ouve as minhas preces cantado a dúo—. Hacía años que no se veía nada igual y me temo que pasarán muchos más antes de que lo volvamos a ver, si el circo no descarrila antes.

Habrá quien piense que esta pataleta se fundamenta en que mi país no gana nunca y nada más lejos de la realidad. Nunca me han gustado las participaciones españolas, que normalmente se limitan a señoras gritonas o flamenquito pop, con una notable excepción en 1973 con Mocedades que me sigue anegando los ojos cada vez que la escucho y es lo más bonito que ha pasado por el festival.

No me interesa el premio, aunque me gustaría, sino la música.

Pero es que la puesta en escena es importante.
—Portugal ya demostró que no.

Si no se mueven es aburrido.
—Ponte una película de tiros y explosiones.

Me río mucho con lo cutres y ridículos que son.
—Vete a ver a los payasos del circo.

Es que si cantan en su idioma no los entiende nadie.
—La música es para escucharla y disfrutarla, no para "entenderla".

Y el público tiene derecho a votar.
—¿Derecho con base a qué?

¡Qué quejica!
—Es mi blog y lloraré si me da la gana. ~♪

Me voy con mi berrinche preconciliar a otra parte, porque esto no tiene remedio y de nada sirve llorar las glorias pasadas, pero no sin antes desvelar cuál ha sido mi actuación favorita de todos los tiempos del verdadero festival de Eurovisión, con orquesta en directo, claro: la de Eimear Quinn en 1996, la voz de Irlanda, más bella que Galadriel.

Muchas gracias por leerme (y aguantarme).
¡Hasta pronto!

I used to be an Eurovision die-hard fan and I miss it so much. You know, that song contest held by European public broadcasters that ran from middle 50's to the 90's of the 20th century. That one. When I was a child, seeing that blue logo on the screen (yes, we had colour transmissions at that time in Spain) while the magnificent Te Deum by Charpentier was playing meant an exciting promise. If it appeared on New Year's, the most famous waltz concert in the world was about to start, that we enjoyed in family before dinner; if it appeard at the end of May, it was the song contest for singers from all over Europe.

We got to see renowned stars, young promises and live music in a time when everything musical on TV was playback. They were classy performances with dressed up musicians, entertaining or moving, but the song always prevailed. Singers defended their performance with their abilities only, without ornaments, and the best used to be the winner. Applause and honour was enough prize. No need for dramatic costume changing on stage, seminude dancers merrily frolicking on the floor or pyrotechnics. It was the Song Contest, not a circus, dancing or fireworks contest.

There is now a kind of ersatz contest with the same name, but nothing like the original one. An impostor. There is no longer live music —not even allowed!— and it has become a media circus show where exhibitionism and staging prevail over the most important part: the music. Where voting isn't decided by an expert jury but a horde of hungry viewers without any criteria can cast their vote as many times as they want. Anything for the show and for collecting money.

Last year, however, we got an unexpected special case: Portugal entered with the then-unknown music genius Salvador Sobral, who broke all records and this year repeated giving us a wonderful guest performance along Brazilian composer Caetano Veloso —still having goosebumps with their meu bem, ouve as minhas preces—. It had been too long since we had the pleasure to listen to actual music and I am afraid it will be even longer until we have the chance to enjoy something like that again, that is if the media circus doesn't go off the rails first.

Anyone would think this is just a loser tantrum because my country never wins. Quite the contrary: I never liked Spain entries, which can be classified either as loud women or pop-ish flamenco (yuck!), with one notable exception in 1973 when Mocedades sang the most beautiful song in the festival which I cannot listen to without having my eyes filled with tears time and again.

I am not interested in winning, though I would love to, but in the music itself.

But staging is very important!
—Portugal proved that wrong already.

It is so boring when they sing still on stage.
—Go watch an action film then.

They look so ridiculous and sing so bad! I laugh a lot.
—Why don't you go pay the clowns a visit at the circus?

I don't understand the lyrics if they don't sing in English.
—You are supposed to enjoy the music,  not to "understand" it.

And viewers have the right to vote!!!
—Oh, really? Says who?

What a whiner!
—It's my blog and I'll cry if I want to, cry if I want to ~♪

I will stop throwing this preconciliar fit now because complaining about how wonderful it used to be is just pointless, yet I needed to let it out. Before I go, allow me to tell you what is my favourite Eurovision song from all times —you know, from the real Eurovision contest, live music and all: Eimear Quinn's 1996 performance, Ireland's Voice, most beautiful than Galadriel's.

Thank you so much for reading (and enduring) this.
See you soon!

6 comments

  1. Yo hace años que no lo veo. Con eso te lo digo todo 🙈🙈🙈. Y sí, que decida el público me parece un sinsentido, pero supongo que es lo que se estila, y lo que se busca (ganar dinero). Y no creo que vaya a mejor. Efectivamente... Quéjate lo que quieras, que para algo es tu blog, y por supuesto en tu derecho estás de llorar si te da la gana. Me encanta esa frase / canción. Ésa sí que es de Eurovisión😜😜😜. Muaaaak.

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    1. Haces bien, Dácil, y no me extraña porque no hay nada que ver. Quien quiera escuchar música vale más que la busque en otra parte. ;-) Efectivamente, mi canción lema es de aquella época y hubiera sido ganadora de Eurovisión sin ninguna duda de no haber sido americana. ¡Qué grande!
      Besotes.

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  2. I completely agree wit you that in the past the Eurovision was a contest we were immensely excited and anxious to see (and hear) every year! And I agree with everything you said it has become. I have not watched it (with very slight exceptions made for a couple of times) since 2001 when my Eva was born. It has lost its attractiveness and I think it's wasted time.

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    1. A waste of time indeed. It used to be very exciting and interesting. All Europeans for once watched the same show and shared the thrill of the contest and at the same time it was something pleasant to do. It has since lost its charm and become just another talent show. What a pity!
      Thank you for sharing your thoughts, Maya. Have a nice week!

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  3. Yo hace muchos años que no sigo Eurovisión con lo que me gustaba de pequeña....

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    1. Exactamente eso mismo me pasa a mí: me gustaba muchísimo y ya no lo sigo, no vale la pena. Se ha convertido en algo totalmente diferente.
      Un beso.

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